Motorclan


Marruecos Atlántico

Escrito por el 04/10/2012 en Rutas y viajes

El Aaiun

El mes pasado os narré como se desarrolló el Rally Mauritania, una estupenda idea salida de Auto Rescate 4×4, para poder disfrutar de Marruecos y el Sahara Occidental, llegando a Mauritania para entregar en un orfanato de Nouadhibou un cargamento de ayuda humanitaria.

El Rally llevó a los participantes por el interior del país desde Tánger, donde desembarcamos, hasta las costas de Essaouira, donde se realizó un control fotográfico, pasando por Chefchaouen, Fez, Sefrou, Ifrane, Las Gargantas del Ziz, Er- Rachidia, El Palmeral del Ziz, Las Gargantas del Todra y Marrakech, para después continuar por la costa.

Puesto que yo ya conocía la mayoría de estos lugares del interior y estábamos en agosto, con unas temperaturas más que calurosas, modifiqué mi itinerario cuando mientras paseaba por la Medina de Fez, y a más de 40º, me dio el agobio y me entraron las ganas de ver la playa, por lo que tras despedirnos de Álvaro y Manolo, dos de los participantes del Rally con los que habíamos pasado los primeros días, dejamos una visita en profundidad de Fez para otra ocasión en mejor época, y pusimos dirección hacia Rabat, buscando las más templadas temperaturas de la costa. Paramos a comer en Khemisset, y cuando salimos a las 16:30, hicimos una foto de un termómetro que marcaba 45º (el del coche marca “solo” 42º). Según nos vamos acercando a Rabat el termómetro va bajando hasta que al llegar a Rabat se sitúa en unos agradables 28-30º.

Chefchaouen

Aunque este artículo, sobre el Marruecos Atlántico empieza en Rabat, ciudad a la que accedimos, como ya he comentado, desde Fez, pongo también en la galería fotos de Chefchaouen, a pesar de estar en el interior, por lo bello de su Medina, y también fotos de Asilah, donde realmente debería de empezar un viaje por el Maruecos Atlántico debido, como en el caso de Chefchaouen a su destacable Medina.

Atravesamos Rabat siguiendo la carretera más cercana a la costa dirección sur, buscando un sitio para dormir. Encontramos un sitio con playa vigilada ¡perfecto! Hasta que un italiano nos dice que no se puede acampar, que te echan, ¡nuestro gozo en un pozo!, seguimos hacia Casablanca, se nos echa la noche encima hasta que en una urbanización de lujo encontramos un acceso a la playa, entramos y montamos la tienda sigilosamente.

Azemmour

Al día siguiente, tras levantarnos, nos dirigimos dirección a Casablanca pegados a la costa para ver toda su zona de lujo, donde se pueden ver grandes zonas en construcción, pasamos por el mausoleo de Hassan II, seguimos hacia el sur y nos pusimos a buscar una playita a la que pudiéramos acceder. Finalmente, después de varios intentos encontramos una duna con acceso a la playa, a la que pudimos subir y quedarnos el resto del día durmiendo, tomando el sol, duchándonos y recuperándonos del cansancio.

Al día siguiente nos levantamos a las 8 AM. después de haber dormido muy bien. Yo un poco menos por los hombros quemados del sol del día anterior. Preparamos café, y nos dimos cuenta de que nos habíamos quedado sin batería, por lo que la cargamos con el generador y mientras Mar se lava el pelo y se ducha en bikini, momento durante el cual pasa un “payes” con una ristra de crios, quienes se quedan mirando y riendo. Tras un par de horas de carga, terminamos de recoger y nos vamos, con idea de hacer turismo por El-Jadida.

El Jadida

Nos recorremos la ciudad entera en el coche, hasta que encontramos un parking con un hueco libre, en el mismo paseo marítimo. Nos lo recorremos andando y vamos a comer al Restaurante del Hotel Ibis, tomamos café en una fresquita terraza de la playa mientras contemplamos las grandes diferencias que hay entre las mujeres, pudiendo ver como algunas (especialmente las más jóvenes), lucen bikinis occidentales, mientras otras, “toman” el sol en la arena de la playa ataviadas con sari y burka, en una muestra más de las diferentes imágenes que ofrece Marruecos.

Salimos dirección Safi y nos ponemos a buscar sitios para pasar la noche y encontramos dos sitios preciosos entre las dunas junto al mar, en el primero ¡lástima! nos piden dinero unos cuantos chavales que aparecen de la nada y que tenían pinta de ser bastante persistentes y por lo tanto, pesados, así que nos vamos, y en la segunda ¡lástima también! hay demasiada arena y no termino de ver claro el meterme hasta donde nos había gustado.

Seguimos hasta Oualidia, atravesamos el pueblo y paramos a sacar dinero y tomar té en un bar, preguntamos el precio de una habitación y nos piden 400 DH, ofrezco 250 y el dueño baja hasta 300, pero finalmente paso, a estas alturas, la tienda de campaña que habíamos llevado “por si acaso” y el resto de equipamiento de camping que había cargado para estar cómodo en caso de acampar (ducha, colchón inflable de 2×1,50 mts., generador, inversor, linternas, comida como para una boda, nevera con cerveza y vino fresquitos, cafetera, etc.), se estaban demostrando como la opción ideal para dormir, dada la majestuosidad y excepcional belleza que las playas, acantilados, calas y puestas de sol que a cada noche nos estábamos encontrando.

Oualidia - Safi

Sin necesidad de hotel, seguimos camino y tras meternos varios Km. entre huertos, encontramos un acantilado con la playa abajo, en el que el suelo estaba formado por un lecho de millones de pequeños caracoles, ¡perfecto para dormir y cenar (unos callos y unas lentejas)!, tras “aplanar” con las ruedas del coche unos cuantos miles de caracoles para que la tienda estuviese en un suelo más plano.

A la mañana siguiente, nos levantamos, duchamos, desayunamos y quitamos los caracoles que se habían subido por la tienda y las ruedas del coche, con la idea de llegar a Safi y hacer la compra.

Llegamos a Safi, y como siempre, nos damos primero una vuelta por la ciudad en el coche, localizamos un supermercado Marjane en el que compramos todo lo que necesitamos y en el que vimos las bombonas del camping, un antimosquitos y muchas cosas más a un precio muy barato, echamos gasolina, llenamos agua, aparcamos junto al puerto y nos fuimos a un local típico a comer unas sardinitas y unas ensaladas del país por 45 DH, tras lo cual nos dimos una vuelta por la medina, tomamos café y nos fuimos huyendo del intensísimo olor de las conserveras de la ciudad dirección Essaouira.

Safi Essaouira

Como ya iba siendo habitual, al tercer intento de buscar un sitio bonito para dormir y después de una enganchada en la que tuvimos que usar el Air-Jack y las planchas, encontramos una playita preciosa para acampar, ya casi de noche y con un viento tremendo que nos obligó a poner todos los vientos de la tienda no sin dificultades, por lo que después de cenar unas buenas y variadas raciones de embutidos ibéricos, nos fuimos a dormir.

Al levantarnos al día siguiente, se nos acerca un “payés” a decirnos que ahí no podemos estar (nos habíamos colado por un camino cortado) así que recogemos y nos vamos con la idea de desayunar en el primer sitio que viéramos, que tras 35 Km. es a la entrada de Essaouira, justo después de que nos parase un policía con la intención de “metérnosla” por algún lado, yo como siempre, me hago el lelo, así como si no entendiese nada, por lo que se empieza a dirigir a Mar, pensando que es de la zona (no es la primera vez que se lo dicen, ni será la última), pero ella contraataca preguntando por un sitio donde se pueda tomar café, y entre pitos y flautas nos fuimos con una sonrisa.

Essaouira

Nos dimos una vuelta por la ciudad con el coche y aparcamos en el paseo marítimo, desde donde nos fuimos paseando hacia la medina para localizar el punto de control en el que habían quedado todos los participantes del Rally Mauritania. Comimos en una preciosa terraza con vistas al mar, paseamos por la medina y el puerto, hicimos varias compras y yo aproveché para afeitarme en una barbería, donde me dejaron la cara como el culito de un bebé, hasta que a la puesta del sol nos reunimos prácticamente toda la caravana de Rumbo a Mauritania para hacernos la foto de grupo.

Un grupo nos vamos al interior de la medina, en compañía de Kamir (un amigo de allí) que nos lleva a lo más profundo de la medina a comprar pescado, huevos, fruta, verdura… para que nos lo preparen en un sitio típico en el que se prepara la comida que tú llevas. Tras ponernos como el “kiko” por unos 60 DH, pan, bebida, todo lo mencionado anteriormente y propina incluida, seis del grupo nos vamos a por los coches para localizar un camping que nos habían dicho para pasar la noche y que aún no sabíamos dónde estaba.

Por segunda vez se nos ha quedado muerta la batería, después de 12 horas de nevera a coche parado, por lo que con la ayuda de unas pinzas y la batería del Citroen AX de “los alvaros”, participantes del rally, finalmente arrancamos, llegamos al camping, montamos la tienda y nos echamos a dormir.

Al levantarnos nos damos cuenta de que el camping no es más que un pedregal vallado, con unos servicios en el límite de lo utilizable y con duchas de agua fría, pero por 49 DH, 2 personas, coche, tienda y luz, nos permitió dormir en un sitio vigilado. Al día siguiente, hicimos las últimas compras en Essaouira y partimos con intención de llegar a las inmediaciones de Sidi Ifni.

Sidi Ifni

A las dos y poco de la tarde, unos 30 Km. antes de Agadir, paramos en un acantilado para hacernos una estupenda comilona (macarrones, embutido, patatas fritas, ensaladilla, cervezas, vinito y café), los cuatro coches que en aquel momento nos habíamos juntado, luego seguimos camino llegando a Sidi Ifni bien entrada la tarde, dimos una vuelta y nos pusimos a buscar un sitio para acampar. Un policía del pueblo nos dice que había más compañeros de Rumbo a Mauritania en el camping, pero nosotros seguimos unos Km. más adelante, pasado Sidi Ifni, y acampamos en la playa, donde justo tras terminar de cenar nos cayó una pequeña tormenta.

A la mañana siguiente, nos levantamos y volvimos a Sidi Ifni para visitarlo, desayunar, echar gasolina y hacer la foto del road-book. Desayunando se nos une el equipo del Golf y en el bar en el que estábamos nos pusimos a hablar con un lugareño que hablaba perfectamente español e incluso nos cantó algo de el Fary. En toda la zona del Sahara Occidental y aunque Marruecos ha ido eliminando, bien por las bravas, bien por medio del abandono, cualquier signo de la estancia española allí, es facilísimo encontrar gente, especialmente mayor, que habla perfectamente español y que te dicen que ellos tienen su partida de nacimiento española y se alegran de hablar contigo…

Sidi Ifni - Playa Blanca

Tras la agradable charla y reconfortante desayuno, Álvaro y Manolo, los ocupantes del Peugeot 309 y nosotros, decidimos ir por pistas a Playa Blanca, y si queríamos pistas, tendríamos pistas. Nos tiramos todo el día, unos 170 Km. por pistas de todo tipo (rotas, piedras, caminos, desaparecidas…), la verdad es que fue un auténtico “hartón” de pistas aunque eso sí, con el aliciente de ir viendo como el 309 era capaz de superar casi todos los obstáculos, teniéndole que eslingar en muchas menos ocasiones de las que hubiera podido parecer. Ya anocheciendo salimos a la carretera y pusimos dirección a Tan-Tan, donde tras arreglar un llantazo del 309 (único desperfecto después de todo el día pegando botes), nos despedimos, ya que ellos iban hacia Smara y nosotros seguíamos por la costa.

No nos separaríamos durante mucho tiempo, ya que a la salida de Tan-Tan nos paran los gendarmes para decirnos que nos hemos saltado un Stop “fantasma”, tras pagar en efectivo los 400 DH de la broma, según estamos parados, vemos como los gendarmes paran también a Álvaro y Manolo, que por lo visto, se habían saltado también el mismo Stop, lo que me pregunto es: ¿cómo les pudieron ver a ellos saltarse el supuesto Stop si en ese momento estaban ocupados escribiendo nuestra multa?….

Más cabreados que una mona, nos despedimos y tiramos a ver cuántos Km. podíamos hacer esa noche. Es noche cerrada, estoy muy cansado, llevo 12 horas conduciendo, la carretera no es muy ancha, hay niebla y cada vez que te cruzas con un camión te acojonas. Hay muchas lenguas de arena que salen de las dunas a pie de carretera y que en ocasiones casi la tapan entera, aunque por suerte, me puedo enganchar detrás de un taxista que o bien tiene visión nocturna, o se conoce la carretera mejor que el salón de su casa, porque mantiene unos buenos 90-100 Km./h. frenando con suficiente antelación antes de llegar a cualquier punto peligroso. Desgraciadamente, para en un pueblo y me toca continuar en solitario, con lo que el cansancio visual aumenta exponencialmente. Finalmente a 60 Km. de Tarfaya, entre las dunas, buscamos un hueco para meternos y acampar. Lo hacemos a 100 metros de la carretera con la tienda sobre una duna y nos quedamos dormidos antes de cerrar los ojos.

Tan Tan - Tarfaya

Al despertarnos, recogemos la tienda con idea de llegar alrededor de las 12 AM a El Aaiun, donde hemos quedado con Manolo y Álvaro. Desayunamos en un bar de la carretera unos 20 Km. antes de Tarfaya (hasta donde las dunas de arena se siguen metiendo en la carretera). Pasamos de largo Tarfaya ya que son más de las 11 AM y nos quedan más de 100 Km. hasta El Aaiun.

Pasamos por Tah, a partir de aquí es lo que los marroquíes llaman “Territorio del Sur”, conocido como Sahara Occidental, pero que guste o no guste, sigue siendo el Sahara Español, ya que aún obviando la escandalosa ilegalidad de los acuerdos tripartitos de Madrid del 14 de noviembre del año 1975, ilegalidad denunciada por la ONU y que en caso de tenerse en cuenta implicaría que ese territorio seguiría bajo administración española, según esos acuerdos, España transfería la administración del Sahara Occidental (pero no la soberanía), a una administración temporal tripartita compuesta por España, Marruecos y Mauritania, y solamente hasta que se celebrara un plebiscito de autodeterminación del pueblo saharaui, que aún no se ha celebrado.

Sea como fuere, el español se sigue hablando por muchas personas a lo largo de todo el Sahara, y en prácticamente todos los pueblos por los que pases encontrarás personas, que te responderán en un perfecto español y que te hablarán de su origen español, de que su partida de nacimiento es española, etc.

La carretera es recta, con muy poco tráfico, ya no hay lenguas de arena y se circula bien a los 100 Km./h reglamentarios (y no te pases ni un poco que son alumnos aventajados de la Guardia Civil y te salen de cualquier lado con el radar en la mano). Una agradable sorpresa es ver como el gasoil, ya a muy buen precio en Marruecos, es aun más barato aquí, estando a unos 5.00 DH/litro a partir de las inmediaciones de El Aaiun, donde al llegar nos damos una vuelta con el coche y localizamos un bar en la carretera de Smara (para esperar a Manolo y Álvaro).

El Aaiun

Aunque ya se empezaba a apreciar a partir de Tah, es desde el Aaiun donde más se nota la continuidad en el tiempo del conflicto saharaui, por la cantidad de policías y militares marroquíes, así como por la presencia de los militares de la ONU, cuyo destacamento tiene su principal base en esta importante ciudad. Como se hace algo tarde y Manolo y Álvaro no han llegado, vamos buscamos un restaurante para comer, donde nos reunimos finalmente. Después de comer nos vamos a la playa de El Aaiun a darnos un baño y hacernos unas fotos con un viejo barco embarrancado en la orilla.

Salimos dirección Dakhla (antiguo Villa Cisneros) y los controles se empiezan a hacer continuos y pesados, Mar y yo llevamos “la ficha”, un documento de Word en el que constan todos los datos del coche y sus ocupantes, que ayuda mucho a la hora de que te paren, ya que en general, simplemente comprueban que los datos se corresponden con los del pasaporte, se quedan con la ficha y te dejan continuar, pero como Manolo y Álvaro no la llevaban, prácticamente a cada control (uno a la entrada y otro a la salida de cada pueblo), echábamos un buen rato esperando a que rellenasen los susodichos datos. En los controles, tanto la policía como los militares piden regalos, dinero, cerveza o lo que sea que te puedan sacar, lo mejor es poner cara de turista despistado, que no entiende el idioma, sonreír y decir que no, a cualquier petición que vaya más allá de algún bolígrafo, cerveza o similar.

Dakhla - Cabo Barbas

Tenemos planes de buscarnos un sitio para dormir antes de que anochezca, aunque se nos hace tarde, como casi siempre, y terminamos acampando a 280 Km. de Dakhla (una vez más, al tercer intento) en unos impresionantes acantilados que se metían mar adentro y no se veía la orilla del mar. Nos preparamos la cena y nos tiramos hasta las 12:30 de la noche con una botellita de vino y unos chupitos de orujo disfrutando de la excepcional tranquilidad del lugar y de una animada charla.

El martes 10 Mar madruga para lavarse el pelo, y aprovechando que ya están sacados los bártulos, decidimos que ¡toca duchitas y afeitados generales!.

Tras un estupendo desayuno, salimos camino de Dakhla, sin saber si el Peugeot 309 se quedaría sin gasolina, ya que es relativamente frecuente encontrar gasolineras sin combustible. Finalmente, al segundo intento lo conseguimos y llegamos a Dakhla alrededor de las 2 del mediodía.

Los 40 Km. que hay desde la N1 a Dakhla son espectaculares (playas, arena, mar a ras de carretera, mucha gente haciendo surf, …). Comimos muy bien y tras localizar la foto que había que hacer allí seguimos camino con idea de llegar a Cabo Barbas.

Dakhla - Cabo Barbas

Por el camino localizamos (no sin cierta dificultad porque estaba tumbada) la señal del Trópico de Cáncer, donde nos hicimos unas cuantas fotos antes de continuar el camino.

Es una lastima que todo el camino junto a la carretera sea un estercolero lleno de bolsas, botellas y restos de todo tipo a lo largo de cientos de Km.

Nos ponemos a buscar sitio para acampar alrededor de la 7:30 PM, pero entre que algunos no nos gustaban, un par de enganchaditas en la arena del 309 y que nos separamos bastante de la costa, decidimos finalmente tirar hasta la foto de Cabo Barbas, ya que en el peor de los casos cerca de allí había hotel. La decisión fue un acierto porque tras llegar al sitio de la foto, ya prácticamente de noche, nos indicaron una pista que llevaba a una preciosa cala donde al llegar, nos encontramos con 4 coches más de los nuestros (Panda, Golf, AX y Megane). Risas, abrazos, relatos de historias vividas a lo largo del viaje de cada uno y una buena cenita, incluyendo los mejillones y percebes recién pescados por ellos mismos en la playa, nos cargaron las pilas y nos hicieron irnos a la cama con una sonrisa de satisfacción.

Cabo Barbas

Tras levantarnos, me pego una duchita, preparamos el café, el grupo desatasca “nuevamente” al 309 que le ha cogido verdadero cariño a tener las ruedas enterradas, y volvemos a la gasolinera del cruce para reunirnos con todo el resto de coches y comprobar con alegría como todos habían sido capaces de llegar hasta allí. Tras varias paradas por problemas de refrigeración con el AX, nos dirigimos hacia la frontera, en la cual nos volvimos a reagrupar todos.

Tardamos aproximadamente unas 2 horas en pasar todos los controles Marroquíes (policía, gendarmería, aduana, pasaporte, coche), un total de 5, algo que nos cabrea, pero que no sería nada comparado con las más de 7 horas que tardaríamos en pasar el control Mauritano, donde se nos hizo de noche, y entre otras cosas, nos obligaron a vaciar literalmente cada uno de los coches.

Finalmente toda la caravana pudo seguir hasta el orfanato de Nouadhibou (tras tener que volver a parar y pasar dos controles más), allí vimos por primera vez a los niños del orfanato y nos tomamos un aperitivo que nos habían preparado (así como un perfecto aparcamiento para todos los coches hecho con piedras). Después nos fuimos a buscar un apartamento para dormir en cama por primera vez en 12 días.

Nos sorprendió gratamente tanto el precio, 10.000 “pelotillos” (nombre oficial de cualquier moneda nueva), por noche, es decir, unos 8 euros por cabeza, como el apartamento, compuesto de salón con sofás y TV, cocina con frigo, fogones, fregadero y cacharros de cocina, cuarto de baño con ducha y agua caliente, una habitación con cama extragrande y otra habitación con 4 camas árabes.

Nouadhibou

El Jueves 12 nos levantamos sin prisa y fuimos de nuevo al orfanato para estar de nuevo con los niños y descargar la ayuda humanitaria que llevábamos, a la vez que comprobábamos como la que es la segunda ciudad en importancia de Mauritania, no tiene más de una docena de calles asfaltadas, estando toda ella llena de desperdicios delante de las casas y comercios, con las cabras campando con total libertad y comiéndose cualquier cosa que haya por el suelo.

Mientras estábamos en el orfanato, explotó una mina de los cercanos campos minados que recorren la frontera mauritana-marroquí, con el susto-asombro de todos los presentes. El director del orfanato nos tranquilizó diciéndonos que lo más probable es que hubiese sido pisada por algún camello o cabra y que mientras fuese solo un “pum” íbamos bien, que el problema real es cuando los “pum” son continuos…

Cap Blanc

Después nos fuimos a visitar la reserva satélite de Cap-Blanc, en el Parque Nacional del Banc d´Arguin, consagrado al medio marino y a la foca monje del Mediterráneo, donde se encuentra el primer centro de visitantes en un área protegida del África Occidental y que cuenta con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional y los Parques Nacionales de España. Allí tuvimos suerte y, en compañía del vigilante del centro de interpretación, que al borde de un acantilado de dunas se puso a “llamar” a las focas, conseguimos, no sin pasar varios momentos de “cachondeito” a cuenta de la “llamada” a las focas, avistar un ejemplar que se paseó tranquilamente por delante de donde estábamos, después, y aunque en teoría no se puede, el vigilante nos dio permiso para descender hasta la playa donde nos pudimos fotografiar con un mercante embarrancado en la orilla, además de jugar un rato con un “hermoso” cangrejo blanco que se cruzó ante nuestras cámaras.

Ya por la tarde volvimos al apartamento a hacer una comida/merienda/siesta, hasta la hora de la cena en el orfanato, que se organizó con las aportaciones de los participantes, tras lo cual, unas canciones y unos bailes con los niños, nos volvimos al apartamento, donde descargamos las fotos y nos partimos de risa hasta bien entrada la madrugada.

Al día siguiente, nos levantamos tarde y decidimos iniciar el regreso hacia España con la esperanza de superar lo antes posible la tortura de los controles, por lo que alrededor de las 12:00 salimos escopetados hacia la frontera.

Tierra de Nadie

Milagrosamente, en tan solo 3 horas, habíamos logrado salir de Mauritania, atravesar la llamada “Tierra de Nadie”, en realidad una pequeña franja rodeada de minas perteneciente a los saharauis (llena de coches abandonados y con gente desguazándolos) y entrar en Marruecos.

Echamos gasolina en la propia frontera y unos Km. después paramos a comer algo en un camino semi-escondido, porque justo el día antes había comenzado el Ramadán, días en los que en el Islam no se puede comer, beber, fumar ni f…. desde las 5 am hasta las 8 pm.

Tiramos con idea de intentar avanzar lo máximo posible, ya que el camino de regreso son cerca de 4.000 Km. que queremos liquidarnos en 3 ó 4 días.

Aunque la idea es no conducir de noche, la falta de poblaciones hace que tiremos hasta Boujdour, y además, los últimos casi 200 Km. hubo que recorrerlos bajo una intensa e incomoda tormenta de arena, que entre otras cosas destrozó los faros de los coches.

Finalmente llegamos pasada la 1 am, y nos pusimos a buscar hotel, ofreciéndonos siempre habitaciones sin baño, con un aspecto semi-decente y un precio muy barato (100 DH), hasta que por fin encontramos un Hotel de verdad, en el que por 250 DH (+/- 23 €) nos ofreció una muy buena habitación con baño, ducha, TV, donde descansamos muy bien. Finalmente, este primer día de regreso nos habíamos hecho unos 700 Km. y cruzado la frontera ¡Buen día!.

374 Regreso 374

Al día siguiente, conseguimos que un comerciante nos abriera su tienda (a escondidas) para poder comprar algo para desayunar, ya que todo está cerrado por el Ramadán (¡si no desayunan ellos, por lo visto, no desayuna nadie!) y después nos fuimos a una gasolinera a prepararnos un café y desayunar.

Salimos con la intención de llegar a Agadir, de la que nos separan más de 800 Km. A lo largo de la vuelta se nota muchísimo el aire en contra, los coches vienen consumiendo de 2 a 5 litros más de gasolina, dependiendo de la velocidad.

Vemos un “nuevo” accidente de un camión volcado (anoche vimos otro trailer), no es de extrañar, con el viento que sopla por la zona y las salvajes cargas que le meten a los camiones, que en ocasiones los elevan a más de 5 metros de altura.

En Boizakarne paramos ya anocheciendo para ver si cenábamos pero decidimos seguir hasta Tiznit, para el cual nos quedaba poco más de 100 Km., aunque al ser todos de curvas muy cerradas, nos llevó casi dos horas. En el camino nos encontramos nuevamente con un trailer volcado en medio de una curva de montaña.

En la misma entrada de Tiznit cogimos el primer hotel que hay, (buen hotel, buen precio) y nos fuimos a cenar, algo que nos costó un poco, ya que o por el Ramadán o por ser sábado o por ser algo tarde, todos los sitios estaban cerrados.

Al día siguiente nos levantamos, desayunamos, limpiamos los filtros de aire, repostamos con los bidones de gasolina que llevábamos y salimos dirección a Essaouira. El camino es lento y revirado por lo que tras comer en un pueblo llegamos a allí pasadas la 5 pm. Toda la mañana para hacer unos 260 Km. Antes han vuelto a parar a Álvaro y Manolo unos gendarmes que estaban agazapados tras un árbol, con el radar en la mano, y según el gendarme les ha cogido a 65 Km./h en un límite de 60 ¡¡¡unos Speed-Críminal, vamos!!!. Por suerte todo se soluciona con 50 DH “bajo mano” en lugar de los preceptivos 400 DH y la frase: “No paper”.

Llegando a Essaouira nos despedimos definitivamente de Manolo y Álvaro, ellos se quedan para hacer unas compras y nosotros queremos llegar lo antes posible a Tánger.

Después de tantos días y aventuras juntos, al despedirnos queda una sensación de pequeño vacío, aunque sabemos que nos volveremos a ver pronto en Madrid.

Nuestra última noche “africana” la pasaremos en Meknes, donde de nuevo tardamos en encontrar un hotel y ciudad de la que como en anteriores ocasiones, no nos llevamos buenas sensaciones.

El ferry nos devolverá al viejo continente y de nuevo, como en ocasiones anteriores, el proceso de asimilación del viaje realizado, viene acompañado de planes para futuros viajes, algo que una inmensa mayoría de la gente que ha “catado” los paisajes de Marruecos, siente una y otra vez.

Ha sido este un viaje no tan “cañero” como otros en el aspecto todoterrenero puro y duro, aunque a lo largo de él se plantean un millón de posibilidades para complicarte la vida todo lo que quieras, sin embargo, la cantidad de Km. (unos 7000) y la variedad de paisajes con el Atlántico siempre omnipresente, siempre “a la vuelta de la esquina” ofreciéndote unas impresionantes vistas, hacen de él que sea tan intenso como el que más, con la ventaja añadida de poder ser realizado con garantías por cualquier SUV, algo que abre mucho la puerta de los viajes a Marruecos.

 

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