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Viajando por Estados Unidos. Más que la Ruta 66 (2º parte)

Escrito por el 04/08/2012 en Rutas y viajes

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Como vimos en el capitulo anterior. Tras salir de Chicago y pasar por tierras de Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma y Texas, estamos en Nuevo México, hemos dormido en el famoso Motel Blue Swallow y las Montañas Rocosas son nuestro próximo destino.

El pueblo está desierto cuando nos levantamos por la mañana y tras desayunar ponemos rumbo hacia Santa Fe, nos despedimos de las autopistas y entramos en carreteras que cruzaban reservas de indios comanches, navajos, sioux y hopis. El norte de Nuevo México es árido y semidesértico como Texas, salvo en las zonas en que las Rocky Montains le afectan, y atravesando aquellas grandes superficies te paras a pensar en algunas de las particularidades de este país. Estados Unidos es un país de superlativos y excesos. Casi todo es grande o muy grande. Las casas, los todoterrenos, los camiones, las largas autopistas, las porciones en los restaurantes, los helados, las bebidas, los gordos, las gordas, los centros comerciales…..

El caso es que dejábamos atrás las inmensas llanuras, con sus rectas inacabables y a lo lejos se dibujaba la silueta de las Rocky Mountains, las Montañas Rocosas, donde empezaría la parte más bonita del viaje. La carretera se elevaba gradualmente hacia el oeste, buscando las faldas de las Rocosas, cuyos picos nevados aparecían en la distancia. La temperatura bajaba con la misma rapidez que la carretera subía y tras pasar de refilón por el pueblo de Las Vegas y pasar por el famoso río Pecos de las películas del oeste, llegamos a Santa Fe. Esta ciudad es una bonita mezcla de arquitectura colonial española e india, con sus famosas casas de adobe y paja; paramos a comer en un bonito restaurante con un patio de aspecto andaluz, paseamos por el pueblo admirando su particular arquitectura y continuamos hasta Taos, donde visitamos su poblado indio, cenamos en el famoso restaurante de un famoso chef, donde nos dieron un “palo” no tan famoso pero igual de importante y nos quedamos a pasar la noche no sin antes ver un espectáculo realizado por los indios del poblado. Hoy hemos realizado 586 Km. la mayoría de ellos por carretera de curvas, no esta mal.

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El martes 30 será uno de esos días para realizar un montón de paradas fotográficas, por carreteras de miles de curvas llegamos a la frontera del estado de Colorado bordeando toda la zona sur de las rocosas, las imágenes son de postal, y casi a cada curva aparece un paisaje más bonito que el anterior, luciendo toda la gama de verdes y ocres mezclandose con el blanco de las zonas nevadas. En los alrededores de Silverton y Ouray la divertida carretera de curvas llega a rondar los 4000 mts. de altitud y la nieve en algunas zonas tiene hasta varios metros de espesor al mismo lado de la carretera. Para que os hagáis una idea, a la carretera que sube desde Durango a Ouray, dentro del Bosque Nacional de San Juan (uno de los muchos bosques que conforman las rocosas), la llaman la carretera del “millón de dólares”, y los moteros del lugar saben bien porqué; por cierto, aquí los motoristas se saludan siempre, una sana costumbre que desgraciadamente se está perdiendo en España.

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Tras comer en Silverton, un precioso pueblo encajonado en un valle entre altas montañas, seguimos camino y tras pasar el Red Mountain Pass y siguiendo el curso del misterioso río Animas, la carretera inició el descenso hacia Ouray, situada en un valle idílico, que parece traído de Suiza. Rodeada de altas montañas y con numerosos manantiales de aguas termales, Ouray es muy acogedora. Nuestro hotel tenía baños termales, piscina exterior de agua caliente y masaje, por lo que en sus aguas a 44ºC todo el grupo aprovechamos para darnos un completo relax tras los 582 Km. que habíamos hecho hoy.

Al día siguiente todo el mundo tenía cara de relajación, además de la piel como el culito de un bebe. Salimos hacia el norte, dirección Ridway con idea de coger otra carretera que nos volviese a llegar hacia el sur, más en dirección hacia nuestro destino final, en lugar de continuar penetrando en las rocosas porque José Carlos debía de devolver la moto unos días antes que los demás por motivos de trabajo.

Fotos del Río San Miguel en Placerville, precioso pueblecito entre montañas cuyo nombre le debe hacer justicia, y en cada curva de la revirada carretera en la que podías parar sin peligro. Es curioso comprobar como aquí prácticamente todo el mundo tiene una caravana, autocaravana o motorhome, se ven a miles, y no solo para los largos desplazamientos que les gusta hacer, sino como vivienda habitual, es corriente ver como mucha gente vive en un motorhome plantado en medio de una gigantesca extensión de terreno, y la verdad es que no es de extrañar, la calidad de las viviendas será una porquería respecto a las nuestras, pero la calidad de vida que te da el vivir en medio de la naturaleza es algo muy a tener en cuenta.

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Tras desayunar en Cortez en una tranquila terraza junto a la carretera en la que los colibríes venían a beber al lado tuyo, seguimos camino hacia “Four Córners Monument”, el único punto de los USA en que se juntan cuatro estados (New México, Colorado, Arizona y Utah). El punto exacto está marcado con una plataforma de granito, sobre la que tomamos una foto curiosa, pues cada uno de nosotros estaba física y legalmente en un estado diferente. También aprovechamos para comprar algunos recuerdos fabricados por los indios navajos. El calor pegaba a base de bien, por lo que decidimos continuar dentro del estado de Arizona en dirección a Kayenta. Yo iba segundo, detrás de Bob y un poco sorprendido por la velocidad que llevaba, íbamos circulando por un límite de 60 millas y yo, yendo a 80 no le alcanzaba, siendo un punto cada vez más lejano en la larga recta de la carretera, cuando de repente al irnos a cruzar con dos coches de la policía que venían de frente, vemos como el segundo hace un giro brusco delante de nosotros y sale disparado en nuestra misma dirección con todas las luces encendidas. Iba a por Bob, tras alcanzarle y pasar despacio junto a él, paramos un poco más adelante en la cuneta y pudimos hacer la foto del “empapelamiento” del viaje, que como digo, y por suerte, fue la única.

El mismo policía nos indica que la mejor ruta para ver el Monument Valley era girar a la derecha en la siguiente carretera para, entrando en el estado de Utah, coger la carretera 163 que nos llevaría por los mejores paisajes. Pocos coches, muchos harlystas sin casco (en muchos estados no es obligatorio) y un paisaje en el que realmente es fácil imaginar a los vaqueros a lomos de sus caballos atravesando las amplísimas extensiones de tierra y desierto. Las caprichosas formas de las rocas llevaron a este lugar a ser llamado por los indios como el valle de los dioses. Tras muchas fotos antes de llegar, llegamos con un calor agobiante y comimos en Gouldings, donde además de visitar su museo se poseen las mejores vistas de todo el Monument Valley.

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Volvemos a entrar en Arizona y paramos en Tuba City para repostar y lavar un poco las motos, tras lo cual seguimos hasta Cameron, donde nos desviaríamos hacia la derecha en dirección al Cañón del Colorado, que no está en Colorado, sino en Arizona, su nombre le viene por el río que le recorre por el fondo. Tras parar a hacer unas fotos en Little Canyon, llegamos ya de noche al Grand Canyon Village, en la zona sur del Gran Cañón, un pueblo que ha crecido a la sombra del turismo de tan majestuoso lugar, la única formación geológica visible desde la luna, según dicen. Tras despistarnos, y no lograr ponernos en contacto unos con otros (en el país más poderoso del mundo la telefonía móvil funciona bastante peor que en España), Mar y yo buscamos un hotel, algo que según nos dijeron después, logramos por los pelos, pues estaban todos completos, y tras cenar nos fuimos a descansar, el cuentakilómetros parcial indicaba 718 Km., haciendo de ésta, la etapa más larga del viaje. El día siguiente lo dedicaríamos a ver y fotografiar desde todos sus ángulos esta maravillosa formación geológica, pero para saber más, deberéis de esperar al próximo capitulo. Realmente merece la pena.

 

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