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Viajando por Estados Unidos. Más que la Ruta 66 (1º parte)

Escrito por el 31/07/2012 en Rutas y viajes

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Atravesar Estados Unidos de este a oeste, 6000 Km. visitando once estados, viendo algunas de las principales bellezas naturales y arquitectónicas del país, utilizar como cordón umbilical del viaje la mítica Ruta 66 y, por que no, sufrir en nuestro estómago la peculiar gastronomía del más poderoso país del mundo, todo ello, participando en una de las etapas de la Vuelta al Mundo BMW Riders, es algo que difícilmente pasa más de una vez en la vida.

Y por ello, cuando me enteré de la organización de esta aventura única, no dudé ni un momento en apuntarme a participar en ella, cuatro BMW´s R1200GS Adventure, 30 etapas, 120 pilotos, 110.000 Km. a lo largo y ancho de los cinco continentes y un año y medio de duración. Quería formar parte de aquello, por lo que tras decidir apuntarme, la única limitación que me puse fue el no realizar ninguna etapa de tierra, por el sencillo hecho de que mi 1´60 mts. de estatura y la considerable altura de la GS Adventure, no eran la mejor pareja para situaciones en las que hubiera que remar con los pies, por ello, la etapa que más me llamó la atención fue la que transcurría entre Chicago y Los Angeles, prácticamente un costa a costa de los Estates, pudiendo pasar en la medida que quisiéramos por la mítica Ruta 66, “ la calle mayor de América”, “la ruta madre”.

Había un motivo añadido para elegir esta etapa, y era mi relación amor odio con todo lo que huela a americano, no me gusta su estilo de vida, basado en la cultura del dinero, del consumismo, del capitalismo exacerbado; el paternalismo con el que tratan al resto del mundo sus dirigentes, ni por supuesto, su dieta, algo que sigue sin gustarme, sin embargo, tal extensión de terreno, está plagada de maravillas naturales y arquitectónicas, y además, hay un dato que me daba vueltas a la cabeza: tan solo el 13% de la población americana vive en las grandes ciudades, esas con las que nos bombardean en sus multimillonarios telefilms, el 87% restante vive en el medio rural, Norteamérica es en sí misma rural, plagada de pequeños pueblos y ciudades, de ranchos, de casas separadas por millas de distancia, de gente sencilla que vive de lo que da la tierra, de personas humildes y amables que no dudan un segundo en preguntarte de donde eres y de ofrecerse a ayudarte si lo necesitas. Algo de todo esto me “olía”, y el atravesar este inmenso país de este a oeste, debía de ser una oportunidad única para descubrir todas esas “Américas” que esta nación esconde en su interior.

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Juan Carlos, José Carlos, Fausto y Bob serían los compañeros de viaje que Mar, mi chica, y yo, tendríamos a lo largo de esta especial aventura, que comienza como no puede ser de otra manera en la ciudad de Chicago, donde tras alojarnos en un hotel cercano al aeropuerto y sitio elegido como punto de reunión de todos los miembros del viaje, decidimos a grandes rasgos sobre el mapa cual iba a ser nuestro itinerario las próximas dos semanas.

Utilizando el mapa Michelin National 761, vimos que las posibilidades para unir Chicago con Los Angeles eran variadas, aunque básicamente se limitaban a tres: La norte, que saliendo de Chicago se dirigiría hacia el norte para visitar Milwaukee para después dirigirnos hacia el oeste hasta llegar a las Montañas Rocosas a la altura de Sheridan en el estado de Wyoming. La central, que pasando por Kansas City nos llevaría a las Rocosas por Denver en el estado de Colorado. Y la sur, que recorrería de la manera más fidedigna la antigua Route 66 y que también nos trasladaría hasta las Rocky Montains. La referencia de las montañas rocosas en los tres casos está justificada por el hecho de que en si mismas o en sus “alrededores” están situados los mayores atractivo turísticos que este viaje nos podía ofrecer, como así comprobaríamos posteriormente. La elección que se impuso, no sin un buen rato de animada discusión fue la sur, la de la Ruta 66, aunque ello supusiese el tener que pasar más calor que el que pasaríamos de haber elegido alguna de las otras dos posibilidades.

Con todos de acuerdo y tras recoger las motos del concesionario BMW de Chicago, el viernes, 26 de mayo, tras un potente desayuno y con una montaña de ilusión, daba comienzo la primera etapa de nuestro viaje. Aunque amaneció nublado, no afectó al entusiasmo de vernos junto a tan soberbias motos y a punto de iniciar la excitante aventura, por lo que enseguida cogimos la 45 sur, después la 290 oeste, para por fin, coger la Interestatal 55 sur hasta Joliet. Hasta ese momento, una pequeña colección de peajes y las continuas consultas a los mapas para no perdernos habían controlado nuestro tiempo, pero a partir de aquí, el tráfico se fue diluyendo y poco a poco, el campo y los espacios abiertos reemplazaron a los edificios, fábricas y centros comerciales.

La autopista se convirtió en carretera más pronto que tarde, en el mismo momento en que decidimos abandonar la vía rápida intentando buscar carreteras con más sabor y menos trafico, y esto ocurrió cuando nos desviamos a Odell para coger la 209, que transcurre junto a la vía del tren y a la autopista Interestatal.

En esta carretera es cuando tenemos nuestro primer contacto con la vieja Ruta 66, ya que en esta zona transcurre paralela a ella, y algo que nos sorprende es comprobar como esta no es más que un estrecho tramo de asfalto comido por la hierba en muchas zonas, cortado continuamente por carteles de “Road Ends”, en los puntos en que se cruzan otras carreteras o simplemente salen caminos de las fincas adyacentes. La satisfacción de este primer contacto con tan “noble” ruta y el poder rodar, aunque sea a cortos tramos, por ella, nos anima y nos hace ver el monótono paisaje, de extensas llanuras y plantaciones de maíz, más bonito de lo que realmente es; en cualquier caso la ruta ha ganado en calidad desde que abandonamos la autopista y el cruzar los pequeños pueblos que nos vamos encontrando por el camino nos hace mucho más ameno el viaje.

Chenoa a parte de una cantante, es el nombre de uno de los pueblos que nos encontramos en el camino, poco antes de Towanda, otro pequeño pueblo en el que paramos a hacernos unas cuantas fotos junto a los carteles, placas y banderas sobre la Ruta 66 que voluntarios, estudiantes y profesores de la población han colocado en su vía principal. Esto es algo que encontraremos a lo largo de todo el viaje, zonas en que se hace referencia de manera destacada a la vieja ruta y zonas, en las que esta se ha sumido en el más total de los abandonos, dependiendo en gran medida de las diferentes asociaciones y clubs de amigos de la Ruta 66, existentes en todo el país.

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Algo que nos llama la atención al llegar a las poblaciones, es una cifra que hay bajo el nombre del pueblo, resultando ser la cifra de habitantes censados en cada población, lo que no sabemos es cada cuanto tiempo renovaran estos carteles, algunos de ellos seriamente dañados por la corrosión y el paso del tiempo. La “hora de tener hambre” nos cogió en Bloomington, lugar donde tuvimos nuestro primer “contacto” con la policía, al estar buscando un restaurante donde comer, y tras meternos de manera equivocada en un parking, yo volví a salir a la calle que nos había llevado hasta allí, sin darme cuenta de que esta era de una sola dirección, encontrándome de frente con un buen número de coches y, Ley de Murphy, uno de ellos de la policía, que antes de darme tiempo a parpadear ya tenía encendida toda la parafernalia de luces y sirenas. Tras pararme en cuanto pude, con la mano izquierda indicándome que me quedara donde estaba y la derecha junto al revolver me pidió la documentación y no se si mi cara de susto, o el hecho de llevar el carnet de conducir internacional recién sacado más el hecho de que al meter mis datos en su ordenador no saliese nada, o todas esas cosas juntas más mi continuo pedir perdón y decirle que no me había dado cuenta, el caso es que todo quedo en una recomendación de conducir con seguridad y seguir con cuidado. Casi no me lo podía creer.

Tras comer, por fin, en un restaurante cercano al lugar del susto, seguimos, cogiendo otra vez la autopista 55. Largas rectas y verdes campos nos acompañan hasta llegar a Springfield (Illinois), y hago bien en nombrar el estado porque Springfield hay unos cuantos en América, no se si uno por estado pero casi y nadie supo decirme cual era el de los Simpson, el caso es que en esta población, nos desviamos por la Interestatal 72 oeste hacia Jacksonville, para poco después coger la 54 oeste y llagar a nuestro primer cruce de estados, dejando atrás Illinois para pasar a Missouri, limite fronterizo que viene marcado por el río Mississippi.

Continuando por la 54 oeste llegamos ya anocheciendo a Jefferson City, capital del estado de Missouri y lugar donde pasamos la noche, no sin antes haber dado una vuelta por la ciudad visitando su capitolio y cenando en el bulevar, donde nos regalamos con unas buenas pintas de cerveza que nos quitaron parte del calor sufrido a lo largo del día y nos dejaron preparados para un reparador sueño. Un total de 643 km. completaban la que había sido nuestra primera jornada de viaje y nos llevaron a “dormir deprisa” para comenzar cuanto antes el día siguiente para evitar el calor.

Tras salir de Jefferson City continuamos por la 54 oeste y paramos a desayunar en el Lago Ozarks, junto a Camdenton, en un lujoso y por la pinta carísimo complejo que le gustaba a nuestro compañero Bob y donde realmente desayunamos de lujo con vistas al famoso lago, tras lo cual continuamos camino comprobando como el paisaje se iba volviendo cada vez mas verde, sin llegar a montañoso, las grandes planicies van dejando paso a pequeños montes y elevaciones del terreno que lo hacen más agradable a la vista.

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Después del pueblo de Nevada (nada que ver con el estado), cruzamos al estado de Kansas, donde nos desviamos cogiendo la 69 sur para, pasado Columbus, entrar en el estado de Oklahoma y pocas millas más adelante, en Vinita, localizar un tramo original de la vieja 66 que se perdía por el interior del campo pasando junto a multitud de ranchos y con un firme a veces asfalto descarnado, a veces totalmente destrozado.

Tras volver a coger la autopista, en esta ocasión la Interestatal 44, nos damos cuenta de la cantidad de animales muertos que hay en los arcenes y del tipo de animales que son, zorros, tortugas, armadillos que cruzan las autopistas continuamente y que te los puedes encontrar en cualquier momento. Por la 44 llegamos hasta Tulsa donde vemos como el río Arkansas que la atraviesa está totalmente seco, a partir de esta ciudad y durante un buen rato, la Interestatal 44 y la Ruta 66 son la misma carretera, justo pasado Tulsa también, encontramos el primer límite de velocidad de 75 millas por hora, algo que por suerte cada vez se va viendo más y que permite circular a un ritmo algo más ágil cercano a los 120 Km./h., mejor que los poco más de 90 km./h. De los hasta ahora mucho más frecuentes límites de 60 millas. Sobre todo porque aquí, como te cojan un poco pasado de velocidad, aparte de la considerable multa, en alguno estados hasta te detienen.

La 44 nos lleva hasta Chandler donde decidimos pasar la noche y donde nos costó un buen rato encontrar un hotel, por fin, localizamos uno regentado por un hindú y que al final terminó por convertirse en el “cutre hotel” del viaje, compuesto por unas cochambrosas cabañas de madera en las que era fácil encontrar maquillaje o pelos entre las sabanas. Tras cenar en un restaurante mexicano próximo (restaurantes mas recomendables que los autóctonos), nos fuimos a dormir tras los 671 km. de la jornada y sabiendo que lo mejor estaba por llegar.

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Chandler está en las misma 66, por lo que a la mañana siguiente tras desayunarnos un extenso surtido de Donuts de todas las clases, seguimos hasta Edmond por uno de los tramos más bonitos de los que habíamos visto hasta el momento, con vegetación a lo largo de la carretera y curiosos moteles, bares y demás locales crecidos a la sombra de la carretera hace ya muchas décadas.

En las inmediaciones de Oklahoma City, cogemos la Interestatal 35 sur para enlazar con la Interestatal 40 oeste en dirección a Clinton donde se encuentra no el único pues hay bastantes, pero sí el más completo museo de la Ruta 66, donde realizamos las inevitables fotos de rigor y tras redesayunar, continuamos por la 40 para, pasado Sayre, entrar en el estado de Texas; en esta parte de la ruta, en lugares donde la vieja 66 a desaparecido devorada por la autopista, se sigue utilizando como vía de servicio.

En Mc Clean, aparte de otro museo de la Ruta 66, está la primera gasolinera Phillips 66, construida en 1920 y que estuvo en servicio más de 50 años, se mantiene conservada en su antigua ubicación junto a sus surtidores y un camión cisterna de la época. La Interestatal 40 nos sigue transportando a nuevos destinos dignos de fotografiarse, como el Cadillac Ranch, en Amarillo. Paralelo a la autopista, la vieja 66, y unos 100 metros más adentro, en medio de un inmenso rancho, diez Cadillac clavados en el suelo todos con la misma inclinación, más adentro el rancho del “ocurrente” ranchero al que se le ocurrió la idea de tan particular monumento, al cual Bruce Springsteen le dedicó una canción en la que cuenta como James Dean en un Mercury del 49 se acerca a Cadillac Ranch para juntarse con Burt Reynolds y su Trans Am negro.

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Seguimos dirección oeste y tras atravesar la frontera con Nuevo México, paramos en la oficina de información que hay junto a la autopista para pedir información, hacernos unas fotos, reservar habitación en Tucumcari y atrasar el reloj una hora para entrar en el horario central (siete de diferencia respecto a España en Chicago, ocho en Nuevo México).

El Motel Blue Swallow en Tucumcari, es de esos lugares míticos dentro de la ya mítica Ruta 66, y donde de poder, hay que pasar al menos una noche. Abierto desde 1939, en la actualidad esta regentado por Bill, un divertido y amable tipo que disfrutará contándote anécdotas sobre la historia del hotel y de la propia ruta; además de poderte comprar camisetas, gorras y demás artículos de la ruta o del hotel, te invitará a que cojas una cerveza de una nevera que tiene en la misma recepción, “invitándote” a que dejes un dollar de propina o colaboración, esto es así porque él, como en muchos otros locales de hostelería no tiene licencia para vender alcohol, con lo cual el no está vendiendo sino que te está invitando, algo que supongo si debe de ser legal. Tucumcari es un curioso pueblo en medio de la nada, que casi se limita a una largiiiiiisima avenida con unas pocas calles a los lados en el que se pueden ver grandes pintadas que hacen referencia a la Ruta 66. Es domingo 28 de mayo, hoy hemos hecho 535 Km., esta es nuestra tercera noche de viaje, ya hemos visto un montón de cosas curiosas y estamos a los pies de las Montañas Rocosas, la parte más espectacular del viaje está aún por llegar, pero para poder saber que es lo que vivimos, deberás esperarte hasta el próximo capitulo.

 

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